Akarma

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¿Que cómo estoy? Mal. Cómo más voy a estar aquí encerrado. Mal, mal, mal. Porque aquí uno llega sano, pero ellos a punta de sus métodos y químicos crean toda clase de psicopatologías. Yo soy un tipo ansioso, sí, y me dan crisis nerviosas, sí. Y lo que me pasó esta vez fue que me agarró una crisis en el trabajo por tanto estrés.

Lo que yo no sé es por qué me dejé meter aquí. Esto es como de película de terror. Llevo años peleando contra esta enfermedad y nada. Le pedí a la doctora que por favor no me dieran químicos, que yo no estoy de acuerdo con eso. Pero claro, como se dieron cuenta de que no me estaba tomando la droga, me la inyectaron.

Peleé toda la semana, los hijueputié, casi los casco. Y fue peor. Me restringieron las visitas y no me pasaban las llamadas. Pero hoy me levanté diferente. Me levanté pensando en Gandhi, en que él les ganó a los ingleses gracias al akarma, al principio de la no acción, a su revolución pacifica.

Llevo años luchando contra esas pastillas, llevo años en guerra con la industria farmacológica y con la siquiatría. ¿Y de qué me ha servido pelear? No, yo no veo de qué me ha servido pelear. De nada. Yo oro, medito, me ejercito y evito gente y lugares malucos para estar bien. Pero de un momento a otro me descompenso y resulto en un lugar como este, donde me llenan de drogas en contra de mi voluntad. Leer Más

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No soy la hermana Sor Juana

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Yo aquí vine con muchos problemas, nunca conocí a mi mamá y desde niña fui violada por mi papá. Mis familiares me ultrajaron todo lo que quisieron y yo crecí con ese odio. Yo entré aquí por microtráfico de droga y desde que llegué empecé a pelear con todo el mundo, porque para mí no había nadie que se mereciera mi respeto. Yo tengo muchísimas cicatrices porque me metía en problemas todos los días de mi vida.

Yo, como iba, nunca iba a salir de acá, porque estaba llena de informes y cada informe quita seis meses de redención. La directora pudo haberme mandado para El Pedregal o para cualquiera de las peores cárceles del país, porque eso es lo que hacen cuando no se lo aguantan a uno. Pero esa señora viendo mi situación, en lugar de castigarme, me puso en manos de la sicóloga y de otros terapeutas que me ayudaron mucho.

Al principio esa gente me hablaba y me hablaba y yo nada. ¿Sabe qué fue lo que a mí me convenció de abrir mi corazón? La nobleza de la doctora, de la sicóloga, porque uno cree que la gente que tiene plata y estudios nunca ha sufrido, y que va, eso es mentira. Cuando la doctora empezó a contarme la historia de su vida yo quedé aterrada de que una mujer de su clase llorara frente a mí. ¿Usted puede creer eso?, dizque una doctora llorando y confiándole su vida a una delincuente. Eso fue mucha nobleza y entonces yo me di cuenta de que ella sí me quería ayudar, que ella no era el enemigo como yo pensaba

Yo dije: pues si esta doctora me cuenta su vida, por qué no le voy a contar yo la mía. Y si esta doctora ha sufrido, por qué no iba a sufrir yo. Todos hemos sufrido. Y ahí empezamos una terapia intensiva. Qué tan tremenda habré sido yo, que durante un mes me dieron tratamiento a mí sola.

A mí me trataban la doctora y un sicólogo que venía de afuera, porque hay una gente que siempre se ha juntado para traernos actividades y terapias diferentes. Gente buena, ciudadanos normales que piensan en nosotros. Yo gracias a ellos hice una cosa que creo que es lo que más me ha ayudado. Eso se llama dizque constelación familiar. Mire, eso es algo duro, pero duro duro, porque es para sanar las cosas que uno trae desde la casa. Leer Más

EL MIEDO

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Tengo 34 años, llevo siete en reclusión y todavía me faltan otros siete. Estoy aquí por homicidio. No le voy a decir por qué, pero asesiné a alguien. Y míreme bien, porque para usted puede que este sea el rostro de una asesina, pero yo le aseguro que en mi lugar podría estar cualquiera de sus amigos o familiares. Es algo que a mí me parecía imposible, y véame, aquí estoy.

Al principio yo no podía entender cómo a una persona buena le podían pasar tantas cosas malas. Yo no podía entender cómo era que había venido a parar aquí. Llegué llena de odio, sobre todo hacia mí misma. El primer año fue el peor y atenté varias veces contra mi propia vida, pues no me sentía merecedora de estar en este mundo.

Fue hace apenas tres años que decidí que ya no podía seguir cayendo y que si había llegado hasta aquí, pues de aquí mismo me iba a levantar. Al principio no es fácil ser receptivo ante los programas y herramientas que a uno le ofrecen en prisión, porque uno no cree que exista algo diferente al dolor y al sufrimiento de cada día. Pero después de que uno empieza se da cuenta que es más importante una clase sobre el ser humano y sus emociones, una clase para aprender a perdonar y a amar, que una clase de matemáticas o español.

Claro que esos programas tienen que ser continuos, pues un cáncer del alma no se calma con una píldora o dos píldoras anuales. Y el problema es que no lo son, esos programas no son continuos. Clases de matemáticas y español sí tenemos todos los días, pero clases para reconciliarnos con la vida, que deberían ser la prioridad, no.

Yo llevo siete años acá y en ese tiempo me he dado cuenta de cuál es la gran falla del sistema. ¿Quiere que se la diga?, ¿quiere que le diga por qué las cárceles fracasan en el propósito de resocializar a los internos? Porque ese es el propósito de las prisiones. El propósito no es tenernos aquí a todos encerrados como si fuéramos ganado o basura humana. El propósito es que el que entre aquí como un criminal salga convertido en un ser humano valioso. Pero el sistema fracasa, por eso pasa más lo primero que lo segundo. Y fracasa por el bendito miedo a perder el control. Leer Más

hay rebeldías

Elisa Talentino

 

Hay rebeldías que solo saben sonreír.
Hay rebeldías que solo saben amar.
Hay rebeldías que solo saben confiar.
Hay rebeldías que solo saben ser pacifistas.
Hay rebeldías que solo saben creer y crear.
Hay rebeldías que solo saben abrazar y besar.
Hay rebeldías que solo saben soñar bonito y trabajar bonito.
Hay rebeldías que nadie llamaría rebeldías,
pero que son toda una revolución.

Yo soy una de esas rebeldías.
Yo soy una de esas revoluciones.
Yo soy e infinitamente Yo soy.
Semilla para un nuevo mundo.
(Manifiesto de vida para este día y para esta vida).

Textos: Todaslasquehesido.com
Ilustración: Elisa Talentino.

No sos un delito. Sos un ser humano

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Mi mamá tuvo tres esposos y los tres se murieron. Y de ellos le quedaron seis hijos. Cuando ella conoció a mi papá se quedó con él solo por la comida de sus niños, pues no tenía otra manera de sobrevivir. Mi papá les dio mucha comida, pero nunca dio afecto; es más, abusó de su condición y maltrató. Por eso, cuando mi mamá quedó en embarazo de mí, me rechazó. Ella no me quería, pero pensó que tenerme sería la mejor manera de pagarle a mi papá toda la comida que él les estaba dando a sus otros seis hijos. Ese embarazo fue una tortura. Ella estaba vieja, cansada y enferma.

Una semana antes de cumplir los siete meses de gestación ella estaba en el baño y en medio de un ataque de tos me le salí y caí en el sanitario. Yo nací un 13 de septiembre de 1981 con una bacteria en la sangre. Fui una bebé muy enferma, y aunque mi mamá intentó regalarme, no fue capaz.

En mi infancia fui rechazada por mis hermanos por ser la hija de mi papá. Todo lo que él les hacía era mi culpa. Mi papá murió cuando yo tenía 18 años, y como yo fui su niña y su preferida, mis hermanos me lo cobraron. La mala, la que no sirve para nada, la hija de ese señor. Y me lo creí, de verdad me creí la causa de todo dolor.

A los 18 años me casé con un hombre en el que encontré la posibilidad de tener algo mío: mi esposo, mis hijos, mi propia familia. Yo deseaba ser amada, protegida y aceptada, y junto a él tuve eso. Pero a los cinco años de matrimonio él murió en un accidente y me dejó sola con tres hijos. Esa muerte me marcó la vida, porque fue tanto el dolor que sentí que cuando lo enterré a él enterré también a la yo de antes. Sobre su tumba prometí que nunca más iba a ser la débil. Prometí ser otra. Ese día enterré a la yo víctima y parí a una yo cargada de dolor y resentimiento, una yo victimaria. Él murió el 15 de julio del 2005 y ese mismo día nació en mí otra mujer. Leer Más

Especial Prisiones

EP

 

22,96 millones de personas —algo así como el total de habitantes de Australia o Taiwán— viven en la actualidad en las cárceles del mundo. Seres humanos que fueron a dar a prisión por ser considerados demasiado difíciles, peligrosos y disfuncionales como para andar en las calles. Seres humanos que están tras las rejas para que, como lo establece la ley, asuman la responsabilidad por sus actos y tengan una oportunidad de resocializar y cambiar de vida. Oportunidad que no siempre se les brinda.

Cuántas voces ignoradas…
Cuántas vidas marginadas…
Ellos también hacen parte de este gran colectivo humano.
Así que bienvenidos a este Especial Prisiones de Todaslasquehesido.com · 3 Historias desde la Reclusión de Mujeres.

Acercarnos a la vida del otro, reconocer su existencia, aceptar que somos todos los que hemos sido.

AGOSTO 16 AL 30
Todaslasquehesido.com
Proyecto de Geografías Humanas.
Honrar la vida, todas las vidas, siempre la VIDA.

 

El destete

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El destete es complicado, mi niña. El destete es complicado. Cosa jodida es eso y yo lo veo diario aquí en la finca. O dígame usted qué ternero se desteta por voluntad propia de la vaca. Ninguno, ninguno, porque a uno le gusta mamar de la teta que lo parió, a uno le sabe rica esa lechita. Uno se siente atendido, uno se siente querido y seguro cerca de su “mama”.

Mi señor padre murió cuando yo estaba muchacho y yo como hijo mayor me hice cargo de la casa y de la finca. Pero con el tiempo la mazorca empezó a desgranarse y mis hermanitos y hermanitas se fueron yendo y haciendo vida aparte.

Yo decía que nunca me iba a ir por no dejar a la viejita sola. Yo decía que nunca iba a formar familia ni a casarme, por ella. Y así fue, aquí me quedé, al pie de ella siempre. Pero hace tres años, cuando mi madrecita murió, me di cuenta de que nada de eso lo hice por ella, todo fue por mí.

Mi señora madre fue buena y consentidora como ella sola. Y la verdad es la verdad y ya a uno como hombre mayor le toca aceptarla. Nunca me fui de la casa ni hice familia porque no creí que pudiera encontrar en el mundo mujer más buena que mamá. Esa es la verdad, mi niña, pa qué decirse mentiras a uno mismo a estas alturas.

Yo, que he destetado a cuanto ternero ha pasado por aquí, no fui capaz de destetarme a mí mismo. Yo, que no sentía pesar de oír berrear a esos animalitos llamando a su “mama”, no fui capaz de dejar a la mía. Lo duro es que de eso apenas me vine a dar cuenta cuando ella murió.

El destete es duro.
El destete es duro. Leer Más

Incompatibles

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Llevaba siete meses saliendo con ella cuando mis padres se enteraron y me preguntaron por su fecha de nacimiento. Durante dos meses logré despistarlos argumentando que sí me lo había dicho pero no lo recordaba con claridad y me avergonzaría volvérselo a preguntar. ¿18 de junio, 19 de agosto? Quién sabe.

Intenté restarle toda la importancia posible y hacer bromas al respecto. Pero al tercer mes se pusieron tan serios y severos que tuve que darles lo que pedían: “22 de marzo del 88, 7:00 a.m., Seúl”.

Mi familia es mi tesoro, pero la superstición de mis padres y abuelos es una maldición. Mi hermana mayor es violinista profesional y su primer novio era una buena persona y tenía un buen empleo aquí en Busan. En cualquier familia el hecho de que se amaran y fueran jóvenes responsables y talentosos habría sido suficiente para no intervenir. En mi familia no.

Según mi abuela y mi madre durante generaciones las uniones maritales de nuestra familia han resultado auspiciosas gracias a que se ha seguido el consejo de los adivinos. Entonces si el adivino dice sí es sí y si dice no es no. Y no hay nada por discutir, no hay razón alguna que los haga cambiar de parecer.

“No es una unión auspiciosa para el linaje”, dijo el adivino. Y con eso se terminó la relación de mi hermana y su novio. “No es una unión auspiciosa para el linaje”, dijo el adivino. Y con eso se terminó mi relación con Su. Yo estaba decidido a ignorarlos y no le dije nada a ella. Pero mis padres buscaron a sus padres y les advirtieron sobre lo “inconveniente” que era que siguiéramos juntos. Leer Más

insights

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—Ser tía es el estado ideal del ser.
—¿Por qué?
—Pues porque a las tías nos toca la mejor parte. A las tías nos toca el mimo, el gozo, el disfrute.
—Veo. Entonces es mejor ser tía que madre y es mejor ser amigos que novios y es mejor ser novios que esposos y sería entonces mejor no estar caminando por el lecho de este río hasta llegar a la cascada para ser testigos de su grandeza y belleza porque puede ser difícil. Sería entonces mejor creerle siempre al miedo y evadir la aventura de ser humanos y estar vivos, porque es que “es arriesgado”, porque es que “no me quiero equivocar”.
—No, querido. Para ser dioses y perfectos tenemos la eternidad, para ser humanos y equivocarnos solo este instante. Seré valiente, a mí manera.

Textos: Todaslasquehesido.com
Ilustración: melissacastrillon.bigcartel.com

El monje

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Había estado visitando monumentos y templos budistas durante todo el día, pues la idea era caminar hasta que el cansancio físico terminara por rendir también a mi mente, necia a más no poder durante toda esa semana. Por eso a pesar del cansancio seguía andando, “arreando demonios internos con cada paso”, como me gusta decir en broma.

Cerca del atardecer, después de horas de marcha, vi a lo lejos a un hombre pequeño que parecía estar barriendo la montaña. Me resultó tan bonita esa imagen que me acerqué para verlo con claridad. Era un monje que vivía en una cueva, cerca al camino principal. Le calculé más de sesenta años.

Él me saludó muy amable y me invitó, a punta de señas, a compartir una sopa en su cueva. Se lo agradecí, lo seguí, entré en la cueva y me senté sobre una piedra mientras él me servía la sopa que tenía hirviendo sobre el fuego.

Qué frío que hacía ahí dentro, y que caliente y simple que estaba esa sopa. Yo soplaba y sorbía, soplaba y sorbía. Y repasaba las filtraciones de agua que empapaban las paredes de roca. “¡Pufff!, qué difícil, qué retador tenía que ser vivir ahí solo, ser un renunciante, pasar frío y seguramente también hambre”, pensé.

El monje, que se había quedado cerca al fuego, acomodaba la leña y de cuando en cuando me miraba en silencio, hasta que en un momento escuché su voz. “You and me, good, good, very very good”. Seguro puse cara de no comprender nada, porque para hacerse entender mejor sacó un condón de su traje escarlata y señalándome a mí y señalándose a él volvió a decir: “you and me, good, good, very good, very good, very auspicious”. Leer Más