CALLE

¿Qué es la calle? Es ese útero sagrado en el que hoy nos estamos encontrando para gestar algo nuevo. ¿Qué es la calle? Es ese lugar en el que hoy nos estamos reuniendo para cantar y convocar una nueva realidad que nos incluya a todos. Sí, en la calle hoy están pasando cosas terribles y las calles están siendo testigos de la violencia y la muerte. Las calles hoy están siendo testigos del grito de los excluidos y de la represión de un poder que quiere desoírlos.

Pero hoy tengo que decir que la calle ayer me sanó, que la calle ayer me salvó, que la calle ayer me recibió como la más amorosa de las madres y me dijo: “tú también haces parte, tú también perteneces y este es el lugar que te corresponde, junto a todos tus hermanos”. La calle en mí ayer, puso todo en su lugar. Bendita calle.

Ayer salí de ese útero pequeño que es mi casa, en la que me sentía asfixiada, paralizada, temerosa y en la que mi mente solo podía maquinar las peores realidades posibles. Salí de ahí y me entregué a algo mucho más vasto y generoso. Y lo agradezco tanto.

Gracias a mis amigos, que me invitaron a marchar y que me aseguraron que ahí estaríamos unidos y seguros, protegidos por la fuerza de nuestra hermandad. Gracias porque sé que todos, en mayor o menor medida, teníamos temores, pero lo de ayer fue hermoso y poderoso. Así lo viví yo.

Entonces quise escribir en estas redes, que desde hace mucho no frecuento, para expresar que ayer fui testigo, no del miedo, sino de la belleza, la alegría, la solidaridad, el amor, la fuerza y la determinación de cambio que se está gestando en nuestras calles. Ayer mientras caminaba, saltaba y bailaba solo podía sentirme profundamente unida a todos, en comunión con todos y yo le decía a la tierra, le conversaba: “Mirá, Tierra, aquí están tus hijos, nos sientes, ¿verdad? Estamos aquí convocando una nueva estructura, una nueva forma, un nuevo sistema, un algo nuevo que nos ayude a vivir de mejor manera a todos, un algo nuevo que nos ayude a reconocernos hermanos y a construir desde esa hermandad”.

Soy una mujer sensible y escribo desde la grandeza y la dignidad de mi sensibilidad, y desde ese lugar, para mí sagrado, quiero decir: no nos dejemos quitar la calle, no nos autoexiliemos de la calle. Sé, y lo sé desde un lugar de la razón y los hechos, que en este momento todo nos dice que la calle es el lugar más peligroso posible, por el virus, por la violencia, por todo lo que está pasando. Claro que sí, así es, en parte.

Pero con conciencia, discernimiento y autocuidado se puede volver a la calle, recuperar la calle, llevar la paz a la calle, llevar la vida, la alegría, la justa protesta, la diversidad y amplitud de nuestras voces y miradas a la calle. Todo nos está quitando el espacio público, todo nos hace sentir un pánico terrible de salir de casa, pero es la calle, sigue siendo la calle, el más verdadero, genuino y poderoso escenario de encuentro ciudadano.

Hoy leí una frase que decía: “Al monstruo le gusta la noche, a oscuras mi cama es mi mejor trinchera”. Nos queda entonces el día, amigos, la luz del sol. Salir como ayer, muy temprano en la mañana de casa, y regresar todavía con la luz del día.

Nos debemos un diálogo como nación, un diálogo amplio, profundo y extenso. Un diálogo en que todas las voces sean genuinamente escuchadas, en que nos dispongamos verdaderamente a escucharnos. Un diálogo para ponernos de acuerdo en esta, la que puede llegar a ser, nuestra más bella obra conjunta: Colombia.

Yo salgo a la calle entonces con una convicción: hacer perfectamente visible e imposible de negar que somos millones los que queremos tener esta gran conversación sobre nuestro país, que somos millones los que pedimos una transformación profunda. Y con una esperanza también: que el metro cuadrado en el que yo estoy convocando y accionando la paz junto a mis hermanos, es un metro cuadrado menos que se tomará la violencia.

Los abrazo con mi amor, con mi devoción absoluta por todas las vidas y con mi respeto a nuestras visiones diversas,

Carla.

4 comentarios sobre “CALLE

  1. Juan Carlos Ceballos

    ¡Qué es esta maravilla Carla! Hoy precisamente estaba añorando tus palabras, tus letras. Gracias por compartir este bello relato; es un bálsamo, es una luz de esperanza (mi poca luz). Creo, al igual que tu, que con la palabra podemos tender puentes de diálogo y conversación. Un abrazo inmenso.

    Juan

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