Ojos que me ven

Kate Pugsley

 

Uno

A veces mi cuerpo no me gusta, y no me gusto.
En algunas fotos, y más: en filmaciones.
Despierto sacudido: me veo con los ojos de quienes
me dejarían pasar sin elegirme.
Mi cuerpo es un error, se equivocó, por su culpa no van a quererme.
Estoy atado, obligado, tallado en mi cuerpo.
Mi enojo puede dar golpes en almohadones, patear puertas,
o callar furioso; cuando me canso
sigo atado, unido, tallado en mi cuerpo.
Voy a pintarme, a raparme, a cubrirme, a poner otras fotos,
voy a tatuarme, a poner otro nombre en mi perfil
porque ahí sí soy yo.
Ahí me reconozco, ahí me parezco, ése sí que soy.
Más que el del espejo.

Paciencia, paciencia,
hay paciencia en los ojos del burro mudo de mi cuerpo.
Él quisiera que lo quiera, que no mire deseando tener otro cuerpo,
recibe mis emociones como golpes de vara.
Los dos encerrados entre las cuatro paredes de quien soy, mintiendo.
Lo llevo, lo llevo aquí y allá. A lo de un amigo, a correr, a la mesa,
a casa, a un sándwiche,
a la cama… lo llevo, como lleva el carrero al caballo que lo tira.
Me olvido o sueño y creo que soy otro, hasta que una foto
o una filmación me despiertan, y evito algunos ojos,
como evito a veces los míos, que
ya podrían mirar
con más bondad. Leer Más

Anuncios

Pienso

Blanca Gómez

 

“Esta maternidad es perfecta”, me digo asomada al balcón, mientras muerdo una raíz de jengibre y reviso cómo van las sábilas que trasplanté hace dos semanas. “Esas palabras se gestaron en mí, vieron la luz primera a través de mí. Pero luego de ser existencia salen bien rapidito volando. Me dejan, las dejo y no pasa nada. No hay apego, no hay despedidas. No hay necesidad de que nadie diga: Mira, allá van las que un día pariste”.

“Esta maternidad es perfecta”, me digo yo luego de escribir un poema. Yo que hasta ahora solo conozco esta única forma de ser madre: rayar sobre el papel, sembrar una planta, dejar en la ventana agua y banano maduro para los pájaros.

 

Texto: Todaslasquehesido.com
Ilustración: Blanca Gómez.