Soñé

DURE Amelie Arbouin

 

Esta madrugada, justo antes de despertar, tuve un sueño: el Niño Dios, envuelto en un pañalito de tela blanca y suspendido en el aire, le entregaba algo a Papá Noel. El viejo cacheticolorado y peli blanco abría una bolsa y, al darse cuenta que era un regalo para él, no podía contener las lágrimas.
—¿Para mí? —le preguntaba al Niño Dios conmovido y gozoso. —Pero si a mí nunca me han dado un regalo —volvió a decir.

Entonces me desperté.

Texto: Todaslasquehesido.com
Ilustración: vía d-u-r-e.tumblr.com

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Piedra

Christopher Silas 1

 

Era una piedra grande, hecha de pequeñas piedras grises, blancas y negras. Estaba en una esquina del patio de atrás de la primera casa en la que vivimos, al lado de un sembradito de maíz, cebolla y otras plantas verdes.

Mamá lavaba la ropa de todos nosotros en la poceta de cemento que en algunos días de sol se convertía en piscina para Felix y para mí. Y yo, sobre la piedra grande, empezaba a improvisar la comidita del día.

La tierra negra que, con convicción y generosidad, recogía y luego amasaba con mis manos, era la base de todas esas preparaciones. Me gustaba agregar algunos tréboles y amaba despetalar las buganvilias moradas que, desde el patio del vecino, se descolgaban hasta el nuestro. A veces también nos llegaban de allá mangos muy maduros que se caían solos del árbol y guayabas picoteadas por los pájaros.

Sobre la piedra grande iba dejando cada uno de los ingredientes que lograba conseguir en el patio, pero si me parecía que no eran suficientes, mamá iba a la cocina y regresaba con moritas, cascos de mandarina o un banano para completar la receta.

Despedazaba cada cosa y mezclaba sin parar. Y cuando consideraba que era tiempo, con una piedra pequeña y redonda que cabía en mi mano, maceraba todo sobre la piedra grande. Leer Más