Shila

Maggie Chiang

 

Me acerco a la cocina sonriente, imaginando el pan con mayonesa y jamón vegano que me quiero comer. He trabajado tanto que merezco dos porciones de jamón. Es más, merezco el sánduche completo. Pero sin cebolla y tomate, hoy no quiero nada de eso.

Tomo la bolsa del pan, alisto el cuchillo y noto que cientos de punticos negros se mueven frenéticamente. ¡Malditas hormigas!, grito. Y juro que la vecina del segundo piso y la del cuarto tuvieron que escucharme.

Olvido mi promesa de no atentar contra ningún ser vivo y con un paño húmedo empiezo a exterminar todos los punticos que se agitan sobre el mesón. Lavo el paño una y otra vez. Limpio y vuelvo a limpiar.

Las hormigas ya no están, cientos de ellas se fueron por el desagüe, pero imagino a muchas otras escondiéndose de mí, agazapadas en lugares que no alcanzo a ver. Y sigo limpiando. Apretando los dientes y limpiando. Sintiendo un cosquilleo fastidioso por toda la piel y limpiando.

Dejo todo en su lugar y regreso al pan, parece limpio. Seguro la bolsa lo protegió. Y si no lo protegió ya no me importa. Parto un pedazo, no tan grande como habría querido, le pongo mayonesa y una sola porción de jamón vegano. Después de semejante masacre no merezco nada doble, mucho menos un sánduche completo.

Muerdo una vez, muerdo dos veces y dejo el pan sobre la mesa. Está delicioso, de verdad lo disfruto. Entonces, una hormiga aparece y plácida empieza a caminar sobre la madera.

No lo pienso. Pongo un dedo sobre ella y la hago desaparecer del mundo.

—¡Qué hijueputa que sos! —chilla una voz adentro —Era solo una hormiguita —insiste —Una sobreviviente. La única que logró salir caminando de aquel exterminio. Pequeña y poderosa era, y vos la mataste.

Vuelvo a morder mi pan y pienso que solo hice lo que tenía que hacer. Que una plaga es una plaga. Y que un humano es un humano. Y que yo, humano, estaba sola frente a esa plaga que quería dañar mi comida.

—Hice lo que tenía que hacer —repito en alto para que ella me escuche. Pero la voz adentro no opina lo mismo y, para castigarme, me recuerda que acabo de romper mi shila. Mujeres y hombres desnudos que usan tapabocas y barren su camino con delicadeza para no ir a dañar a algún bichito empiezan a aparecer en mi mente.

—No generaré sufrimiento a ningún ser —me prometí un día. Pero hace poco me comí un chicharrón. Algunas semanas olvido echarle agua a las plantas. Y hoy, por primera vez, me enfrenté a un universo de hormigas y arrasé con todas. No me importó ser más grande, no me importó estar mejor dotada, no pensé ni por un momento que también ellas podrían querer pan con mayonesa y jamón vegano.

Pediré perdón.
Aceptaré que tal vez nunca llegaré a ser una santa.

 

Texto: Todaslasquehesido.com
Ilustración: Maggie Chiang

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