Alabanza a mi hermana

manjitthapp

 

Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas,
y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es solo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
pero toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegas
que prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva me contará todo,
todo,
todo.

Un poema de Wislawa Szymborska.
Gracias por la poesía.

Ilustración: Manjit Thapp.
Gracias por la belleza.

Shila

Maggie Chiang

 

Me acerco a la cocina sonriente, imaginando el pan con mayonesa y jamón vegano que me quiero comer. He trabajado tanto que merezco dos porciones de jamón. Es más, merezco el sánduche completo. Pero sin cebolla y tomate, hoy no quiero nada de eso.

Tomo la bolsa del pan, alisto el cuchillo y noto que cientos de punticos negros se mueven frenéticamente. ¡Malditas hormigas!, grito. Y juro que la vecina del segundo piso y la del cuarto tuvieron que escucharme.

Olvido mi promesa de no atentar contra ningún ser vivo y con un paño húmedo empiezo a exterminar todos los punticos que se agitan sobre el mesón. Lavo el paño una y otra vez. Limpio y vuelvo a limpiar.

Las hormigas ya no están, cientos de ellas se fueron por el desagüe, pero imagino a muchas otras escondiéndose de mí, agazapadas en lugares que no alcanzo a ver. Y sigo limpiando. Apretando los dientes y limpiando. Sintiendo un cosquilleo fastidioso por toda la piel y limpiando.

Dejo todo en su lugar y regreso al pan, parece limpio. Seguro la bolsa lo protegió. Y si no lo protegió ya no me importa. Parto un pedazo, no tan grande como habría querido, le pongo mayonesa y una sola porción de jamón vegano. Después de semejante masacre no merezco nada doble, mucho menos un sánduche completo.

Muerdo una vez, muerdo dos veces y dejo el pan sobre la mesa. Está delicioso, de verdad lo disfruto. Entonces, una hormiga aparece y plácida empieza a caminar sobre la madera. Leer Más