Ven

Monica Ramos

 

Observa mi vida,
escribe sobre ella las leyes del karma.

Dime que antes de nacer ya había roto mi shila,
que insolente como nunca
me creí superior a mi padre.

Dime que a los seis años culpé a una niña
de haber robado un perfume minúsculo
que andaba extraviado entre mis juguetes.

Que mentí y que cuando en el templo
las ancianas movían sus labios
yo impostaba versos y oraciones inexistentes.

Dime que aunque me postré ante el río sagrado
nunca te ofrendé lo suficiente.
Dos palabras, tres o cuatro lagrimas.
¿Qué tanto es?

Ven, asegura que no hay dharma
que cobije mi karma.
Dime devota de ningún dios.
Dime fiel a nadie.

Observa mi vida.
Átomo de hidrogeno, polvo estelar, roca volcánica,
gusano de morera, danta del trópico,
sherpa del glaciar.
Existencia. Leer Más

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Devoción

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Me desperté temprano en la mañana. Estiré mi mano hasta alcanzar un espejo pequeño que había dejado sobre la mesita de noche. Y nos vi en él.
¿Recuerdas, Shiva?

“El primer dios que saludas en la mañana es tu dios”, dijiste, “vanidad”.
Y yo en vergüenza solté el espejo en el que llevaba una vida observándome.

Las mujeres del sur te ofrendaron sus cabelleras negras y gruesas.
Yo en cambio, señor, que soy tacañería pura, solo te ofrecí mis cejas.
Con una cuchilla las limpié del rostro y frente a tu río prometí no volver a maquillarlas.

Ellas que te ofrecen mucho, te piden poco. Yo que te di nada, te lo pido todo.
“Permíteme, oh Dios que danza, Dios que construye y destruye, vivir en devoción”, te dije. Y juro que me escuchaste.

Me sentaba en las escalinatas a esperar que un rayito de sol nos calentara a todos los perros, los cabritos, los bueyes, las vacas y mendigos de Kashi y a mí. Y esas escalinatas eran más casa que cualquier casa, más hogar que cualquier hogar, porque solo éramos tú y yo, señor, y los perros, y los bueyes y los mendigos de Kashi.

Pero te ofrecí lo poco y de tu tierra volví a esta tierra.
Aquí el sol no calienta, aquí todo arde.

Llevame de vuelta al río, Shiva, a las escalinatas, al sol que entibia. Llevame de regreso a la muchacha que fui, a esa que creía que toda la vida viviría en devoción. Llamala, invocala, dile que venga, que venga y me rescate de este lugar ardiente en el que a veces se convierte la vida.

¿Dónde estás devota?
¿Dónde estás didi ji?
¿Dónde estás maga?
¿Dónde estás? Leer Más

Pecarás

Monica Ramoss

 

Pecado. Del lat. peccātum. Paradigma del pecado y la culpa. Arma de destrucción masiva más potente que ha conocido la raza humana. Herramienta de perturbación que ha logrado atomizar a los hombres por siglos. Se ha utilizado según la conveniencia de cada dogma con el propósito de inhibir la libertad de pensamiento y acción. Paradigma que se alimenta del miedo, según él, el único dios a quien hay que adorar. “Temerás y obedecerás”, reza. Enemigo frontal de la evolución.

—Callate.
—¿Por qué?
—Porque vos tenés ese jodido don de que la gente te crea todo lo que decís, y después te escucha un malandro y nos encartamos.
—Pero Glo…
—Nada, mija querida, el pecado existió, existe y existirá porque esa es la única manera de que tanta gente mal intencionada que hay se cohíba un poquito y no le dé rienda suelta a sus planes.
—No, mujer, la idea del pecado y la culpa no los frena a ellos. Yo no creo, o al menos no solo a ellos. Nos frena a todos, porque nos infantiliza y nos convierte en niñitos miedosos, dependientes e incapaces de asumirnos responsables de nada.
—¡No, qué va!
—Sí, yo hace mucho decidí que en mí esa palabra no existe.
—Comé, comé mejor que se te enfría.

Ilustración: Monica Ramos.
Textos: Todaslasquehesido.com