Hace cuánto

Dadu Shin

 

¿Hace cuánto dejó de bailar?
¿Hace cuánto dejó de cantar?
¿Hace cuánto dejó de ser encantado por la magia de las historias?
¿Hace cuánto dejó de encontrar consuelo en el dulce territorio del silencio?
Preguntaban, según Gabrielle Roth, los hombres y mujeres medicina de las sociedades chamanicas a las personas aquejadas de desanimo y depresión.
Canta, baila, dejate acunar por una historia y retorna al silencio del hogar interno.
La mejor medicina: habitar un lugar íntimo y profundo llamado gozo.

Todaslasquehesido.com

Ilustración: Dadu Shin.

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Yo sangro

Dan-ah Kim

 

Soñé que me bañaba bajo un chorro de agua caliente. Y que esa agua caliente era como un arrullo. Se sentía muy bien estar ahí. De repente mi pareja abrió la puerta del baño, y una vergüenza chiquita me atravesó la piel: sobre la tapa del sanitario había dejado unos calzones blancos manchados de sangre. Me seguí bañando, y él, sin decir palabra, abrió la llave del agua caliente del lavamanos y empezó a enjuagarlos. Lo hacía con delicadeza, como si no fueran de algodón sino de papel de arroz. Con sus dedos aplicaba jabón y estregaba la manchita de sangre, que al principio se regaba por todo y luego se diluía. Apenas estuvieron limpios los dejó sobre la tapa del sanitario y entró a la ducha para bañarse conmigo. Me abrazó como si me amara más de lo que yo sé.

Cuando me desperté empecé a recordar a la tía Lola, a la tía Sofía, a la abuela Mercedes, a la abuela Jesusa, a mi madre, a mis primas, a todas las mujeres de mi linaje. Sus ovarios poliquísticos, sus endometriosis, los cólicos menstruales que hemos padecido. Los hijos paridos con dolor, los hijos paridos sin dolor, los abortos o “embarazos malogrados”, como les he oído decir. La menorragia, los úteros extraídos, la preeclamcia, los niños que llegaron y las madres que se fueron.

El amor, el miedo, el dolor. Y otra vez el amor. Y otra vez el miedo. Y otra vez el dolor. Y algunas veces también el pudor, la timidez, el no saber. Y la sangre, la mucha sangre con la que mes tras mes, cada una de nosotras, ha vuelto fecunda esta tierra. Nos recordé a todas y a todas nos bendije, a todas nos desee bien, luz y evolución.

Recordé también que mamá me contó que aunque empezó a menstruar desde los trece años, no le contó a nadie, pues si bien en su casa eran seis mujeres, nunca se hablaba de “esos temas”. Que a los quince años empezó a recoger los pesos que le daban para comprarse su primer paquete de toallas higiénicas. Y que cuando fue a la tienda a comprarlas, al ver tanta gente, mejor se hizo la loca, pues en el pueblo todos se conocían. Leer Más