Abrazarla

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Padre y madre alcohólicos. Violencia intrafamiliar. Dramas al desayuno, dramas al almuerzo y dramas a la comida. Maltrato al cien. No me digas pues que no tengo derecho a asegurar que, cuando Dios me pidió que escogiera a la familia con la que iba a vivir aquí en la tierra, yo estaba emburundangada. Mija, para haberlos escogido a ellos, yo tenía que estar era pero llevada del putas. Uno conscientemente no escoge a la familia que yo escogí. ¡Noooo!

Dicen que uno antes de nacer elige a sus padres y los aprendizajes que junto a ellos va a vivir. Y yo sí creo que eso es así. Lo que pasa es que a la niña que fui le dieron muy duro, a la adolescente que fui casi la matan y a la jovencita que fui le tocó sacar fuerzas para revelarse y largarse de ahí. Ser hija de ellos ha sido lo más difícil que yo he vivido. Por eso a veces me gusta decir que yo a mi familia la elegí en un estado de consciencia inconsciente.

Lo bueno es que uno crece, mona, y aprende. Aprende a mirar con humor y amor el dolor. Aprende a dejar de quejarse del papá y la mamá que tuvo, por más hijueputas y abusivos que hayan sido. Uno aprende a aceptar, algunos hasta a perdonar aprenden. Y si es muy buen aprendiz también aprende a construir con eso y sobre eso. Porque la mierda también es material de construcción. Material del bueno.

Mi papá y mi mamá solo me dieron un regalo en la vida: la vida. Uno solo y el más importante. Yo me demoré mucho en caer en cuenta de eso, pero el día que lo hice me prometí a mí misma dejar de quejarme y maldecirlos y empezar a bendecirlos. No es fácil, pero ahora cada vez que me llega algún recuerdo de ellos intento decir: “Que donde sea que estén, estén bien. Que donde sea que estén les llegue mi gratitud y mi amor”.

Yo no tuve la familia que me habría gustado tener, yo no tuve ni una mamá ni un papá amorosos. Que falla no tenerlos. Que falla no haber recibido ese afecto, ese apoyo, ese abrazo que uno tanto necesita siempre. Pero sobreviví. La niña que fui, la adolescente que fui y la jovencita que fui sobrevivieron. Y por amor y respeto a ellas he empezado a asumir la responsabilidad de convertirme en la mamá y el papá que no tuvimos.

A mí no me interesa tener ni hijos ni perros ni gatos, ni siquiera un pez. Yo lo que quiero es ejercitarme en el arte de ser mi propia mamá y mi propio papá. Parce, hacerme las sopas y los postres que nunca me hicieron. Trabajar para regalarme los patines y la Barbie veterinaria que nunca me regalaron. Pero sobre todo tratarme con respeto, con amor, con compasión.

Ser una buena mamá y decirme a mí misma cuando esté cansada: “venga, mi amor, deje de trabajar tanto, quítese esas botas y meta los piecitos en agua caliente”. Y ser un buen papá y decirme a mí misma: “a ver pues, me hace el favor y me despacha ya mismo a ese tipo que usted se merece a alguien mejor”.

Mona-monita, obvio es mucho más fácil culpar y renegar eternamente que hacerse cargo de uno mismo. Obvio es mucho más fácil seguir buscando mamás y papás sustitutos que responsabilizarse de uno. Pero yo sí quiero hacer la tarea. Ser una buena mamá y decirle sí a la dulzura en mi vida. Y ser un buen papá y decirle no a lo nocivo, a lo dañino, a la gente y a las circunstancias que no me hacen bien. Darme a mí misma lo que ellos no me dieron.

Textos: Todaslasquehesido.com
Ilustración: Monica Ramos, (estoy enamorada de su trabajo).
http://www.monramos.com

 

 

 

 

 

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