¿Que qué pasó?

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Lo que a veces pasa. Lo que en el mejor de los casos pasa. Que lo sueltas todo porque te reconoces incapaz de seguir cargando con tanto. Que te descuelgas la mochila de las responsabilidades, del deber ser, de las cuentas por pagar, de los miles de compromisos a los que hay que atender y te largas lejos por un rato. Le dijiste: “para” a la juiciosa, a la obediente, a la que todo lo puede y todo lo tiene que hacer y resolver. Te dijiste a vos misma: “ya, ya, ya”. Y eso pasó. Eso fue lo que pasó.

Y después de la pausa, del pare, de soltar la mochila pesada y volverte a conectar con el lado dulce y libre de la vida regresas con las puntitas de los dedos deseosas de poder teclear algo. De teclear por ejemplo: “me extrañé tanto durante todos esos meses de trabajar como loca, de responderle al mundo como loca, pero ya estoy de vuelta. La que canta, la que baila, la que sabe sonreír, la que pare y alumbra la vida en cada respiro. La que escribe desde un lugar intimo y cálido. La que confía en que cada uno de estos pasos han sido, son y serán sagrados. Ha regresado esa, ha encarnado, ha vuelto a mí. Soy la que soy. Soy yo y me celebro”.

Y dirás, aunque es ficción, que escribiste esto mientras caminabas entre el frío de Madero y escuchabas a un organillero tocar algo triste. Dirás eso porque de verdad te habría gustado sentarte ahí, sobre la calle, recostarte en una pared sucia del centro histórico y escribir. Pero no, eres tímida y solo escribes cuando nadie te ve.

Te habría gustado ser invisible para los vendedores ambulantes y para quienes les compraban, y garabatear en algún papel que no hay una “emoción” que te reconforte más que esa de sentirte expatriada. Que ser extranjera te salva. Que al útero de tu madre ya no podés volver, pero que a las calles de esos no lugares del mundo que te han acogido, abrazado, acunado y nutrido siempre podrás regresar para, lejos de tus referentes, rehacerte y renacerte.

Benditas calles ovario, matriz, partera y nodriza.

Pasó que te fuiste y volviste. Y que ahora sí, después del chile y las especias, después de los besos y los abrazos, después del té de menta y el chocolate con churros, después del ellos y ellas, del nosotros, del vos y del mí, puedes volver a escribir sin miedo de ser la que sos.

¡Ah!

He estado esperando un temblor hace mucho.
Ahora me doy cuenta que las únicas placas tectónicas que se mueven son las de mi propia vida.
Sacudilo todo, vida, que se caiga lo que se tenga que caer, que se levante lo que se tenga que levantar, pero que evolucionemos hacia un lugar mejor, más sano, más profundo y verdadero.

Y escribir hoy así, en bruto, en rojo, en cálido o en caliente, en mí, sin editarme, por respeto a la que soy, por respeto y amor a esta humana torpe, vulnerable, imperfecta y descualquierada que en mí es existencia.

Ilustración: Monica Ramos.
Textos: Todaslasquehesido.com

 

 

 

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