Sin darse cuenta

paz

 

Crecí aquí, rodeada de montañas, vecina de la alcaldía y la iglesia, vecina de la plaza principal de mi pueblo. Y en la época de mayor conflicto, cuando yo todavía era una niña y la guerra se tomó la mayoría de los pueblos vecinos, mi pesadilla más recurrente era una en la que escuchaba a mi mamá gritando: “ya vienen, ya vienen”. En medio del sueño veía y sentía como mi casa y la iglesia explotaban. Me despertaba temblando y llorando.

Una vez llegó el rumor de que el próximo pueblo era el nuestro, que de esa sí no nos salvábamos. Y espantados vimos a los policías de la estación, que quedaba al lado de la alcaldía, sacar cajas llenas de documentos e irse lejos de la plaza principal. Sabíamos que lo hacían para protegernos, porque la guerrilla acostumbraba a llegar tirando pipetas de gas contra ellos.

La estación de policías nueva quedó más cerca del cementerio que de cualquier otra cosa y aunque al pueblo nunca se lo tomó la guerrilla, sí se lo tomaron el miedo y el dolor que llegaron con los vecinos y desplazados de otros pueblos que sufrieron perdidas inmensas.

La guerra no se acabó, pero durante los últimos años se movió de escenario. A nosotros nos dejó respirar, a otros los siguió asfixiando. Seis millones de victimas en 54 años de conflicto entre el Gobierno y la guerrilla, leí en el periódico ayer. Eso es demasiado.

Hubo muertos de todos los bandos y hubo muertos de todas las categorías. Lo que nunca entendimos muchos fue por qué a algunos se los lloraba y a otros se los celebraba. ¿Por qué si somos los mismos? Leer Más

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kapune

orgullo 

Para nosotros Dios es todo, el mismo cosmos, el mismo universo, todo. Y la tierra es como nuestra mamá, es sagrada. Nosotros somos hijos del maíz, nacimos de la tierra. Una mujer mientras sembraba unos granitos de maíz se cortó con una roca un dedo del pie, su sangre empapó los granitos de maíz y de ahí nacimos nosotros, los indígenas. Son los jaibanás quienes tratan de mantener esos equilibrios con la Madre Tierra, le avisan a uno que hay lugares que es mejor no visitar o que hay tierra que debe dejarse descansar. Claro que por la perversión a que ha llevado el dinero a algunos indígenas, se tuvieron que crear estatutos que resguardan la naturaleza, porque no faltaba el indígena que vendía un árbol de doscientos años por cualquier billete.

Mi papá era mestizo y humillaba mucho a mi mamá. No la dejaba enseñarme su cultura. Le decía que para qué me enseñaba el idioma de esos hijuetantas guascudos, que yo no iba a comer con eso. Él tomaba represalias contra ella y le pegaba si la veía enseñándome su cultura indígena, incluso nos llevó a vivir a una finca a dos días de camino de la comunidad que porque él no quería saber nada de guascudos.

Ya cuando yo tenía nueve años me sacaron a la carretera y me matricularon en una escuela campesina. Y a los trece años me empecé a volar para ir a mi comunidad, hasta que me fui del todo y me matriculé en la escuela indígena. En la comunidad estaban mi abuelita, mis tías, mis primos, toda mi familia.

Yo no sé qué irá a pasar cuando mi abuelita falte, porque ella solo ha sido amor para mí. A estas alturas todavía juega conmigo. A mí me ven con ella y no me creen que sea mi abuelita, porque es una indiecita chiquitica, pero yo me siento orgulloso de ella.

Estudiando en el colegio indígena yo recuperé mi lengua. Luego me dieron trabajo como maestro y me mandaron para una comunidad de selva a un día de camino. Esa experiencia me ayudó a conectarme mucho más con mis raíces, porque todo mi contacto era indígena. Aunque ellos no me creían mucho que yo fuera indígena y hasta ahorita me dicen emberá kapune, indio blanco. Esa gente es muy recochuda. Mi única dificultad, por mis rasgos físicos, fue con los niños. Me corrían porque le tienen miedo a la gente blanca. Leer Más

Hoy me levanto

 

Hoy me levanto

¿Dónde estás pequeña niña de alas rotas, pero aún llena de esperanza?
¿Dónde estás mujer sabia cubierta de valor?
¿Dónde estás?
¿Dónde estás?

Hoy es el día. No voy a quedarme quieta ni a ceder más.
Hoy me levanto.
Estoy abochornada, pero me levantaré y caminaré de nuevo.
Hoy me levanto.
No me importa quien ignore mi belleza.
Hoy me levanto.
En verdad llegué aquí en mis noches más oscuras, pero me sané y me levanto.
Hoy me levanto.

Me muevo por el mundo con confianza y valentía.
Abro mis ojos y estoy lista para encararlo. Mi complitud como mujer y mis ilimitadas capacidades.
Caminaré mi camino con audacia.
Hoy me levanto.
Me reconecto con los muchos aspectos de mi ser, con todas las realidades que yo puedo crear.
Soy una reina, soy una sanadora,
Una mujer sabia, una mujer salvaje.
Me levantaré y seré.
Yo soy una rebelde. Me despertaré y lucharé.
Soy una madre y soy un niño.
No voy a disfrazar mi tristeza y mis dolores, no voy a sufrir mis quejas.
Yo soy negra y soy blanca y no hay razón para ocultarlo.

¿Dónde estás?
Allí estás.
¿Dónde estás?
Allí estás.

Llamo a Kali para que bese mi vida.
Transformo mi rabia en poder. No más penas ni sufrimientos.
El mundo está extrañando lo que yo estoy lista para darle: mi dulzura, mi sabiduría, mi amor y mi hambre de paz.

Me cultivo con los árboles y los ríos y la tierra.
Me levanto y brillo y estoy lista para ir en mi búsqueda.
Hoy me levanto sin duda, sin vacilación.
Hoy me levanto sin excusas, sin aplazamientos.
Hoy me levanto para llamar a mis hermanas a unirse a un movimiento de resolución e interés.
Hoy completaré mi misión sin distracciones.
Hoy es el día, hoy es el día en el que yo le ofreceré al mundo la sabiduría de mi corazón.

Textos: Wise of heart.
Traducción: Carla Giraldo Duque.
Todaslasquehesido.com

Insights #002

50fd699d12751a8c8f8f87fa3697363bHace un tiempo escribí…
Una conversación que tuve conmigo misma.

—¿Qué es el amor?
—Una vibración a la altura del corazón.
—¿Y si no es una vibración a la altura del corazón entonces qué?
—Pues entonces puede ser una vibración a la altura de los miedos, los apegos, el egoísmo, el confort, la costumbre, la necesidad de seguridad, el desconcierto, la enfermedad, la soledad… Pero entonces ya no sería amor y no sé si me interese.

Una vibración a la altura del corazón.
Una vibración a la altura del corazón.

 
Ilustración: vía Etsy.

Akarma

eily-chantler

 

¿Que cómo estoy? Mal. Cómo más voy a estar aquí encerrado. Mal, mal, mal. Porque aquí uno llega sano, pero ellos a punta de sus métodos y químicos crean toda clase de psicopatologías. Yo soy un tipo ansioso, sí, y me dan crisis nerviosas, sí. Y lo que me pasó esta vez fue que me agarró una crisis en el trabajo por tanto estrés.

Lo que yo no sé es por qué me dejé meter aquí. Esto es como de película de terror. Llevo años peleando contra esta enfermedad y nada. Le pedí a la doctora que por favor no me dieran químicos, que yo no estoy de acuerdo con eso. Pero claro, como se dieron cuenta de que no me estaba tomando la droga, me la inyectaron.

Peleé toda la semana, los hijueputié, casi los casco. Y fue peor. Me restringieron las visitas y no me pasaban las llamadas. Pero hoy me levanté diferente. Me levanté pensando en Gandhi, en que él les ganó a los ingleses gracias al akarma, al principio de la no acción, a su revolución pacifica.

Llevo años luchando contra esas pastillas, llevo años en guerra con la industria farmacológica y con la siquiatría. ¿Y de qué me ha servido pelear? No, yo no veo de qué me ha servido pelear. De nada. Yo oro, medito, me ejercito y evito gente y lugares malucos para estar bien. Pero de un momento a otro me descompenso y resulto en un lugar como este, donde me llenan de drogas en contra de mi voluntad. Leer Más