EL MIEDO

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Tengo 34 años, llevo siete en reclusión y todavía me faltan otros siete. Estoy aquí por homicidio. No le voy a decir por qué, pero asesiné a alguien. Y míreme bien, porque para usted puede que este sea el rostro de una asesina, pero yo le aseguro que en mi lugar podría estar cualquiera de sus amigos o familiares. Es algo que a mí me parecía imposible, y véame, aquí estoy.

Al principio yo no podía entender cómo a una persona buena le podían pasar tantas cosas malas. Yo no podía entender cómo era que había venido a parar aquí. Llegué llena de odio, sobre todo hacia mí misma. El primer año fue el peor y atenté varias veces contra mi propia vida, pues no me sentía merecedora de estar en este mundo.

Fue hace apenas tres años que decidí que ya no podía seguir cayendo y que si había llegado hasta aquí, pues de aquí mismo me iba a levantar. Al principio no es fácil ser receptivo ante los programas y herramientas que a uno le ofrecen en prisión, porque uno no cree que exista algo diferente al dolor y al sufrimiento de cada día. Pero después de que uno empieza se da cuenta que es más importante una clase sobre el ser humano y sus emociones, una clase para aprender a perdonar y a amar, que una clase de matemáticas o español.

Claro que esos programas tienen que ser continuos, pues un cáncer del alma no se calma con una píldora o dos píldoras anuales. Y el problema es que no lo son, esos programas no son continuos. Clases de matemáticas y español sí tenemos todos los días, pero clases para reconciliarnos con la vida, que deberían ser la prioridad, no.

Yo llevo siete años acá y en ese tiempo me he dado cuenta de cuál es la gran falla del sistema. ¿Quiere que se la diga?, ¿quiere que le diga por qué las cárceles fracasan en el propósito de resocializar a los internos? Porque ese es el propósito de las prisiones. El propósito no es tenernos aquí a todos encerrados como si fuéramos ganado o basura humana. El propósito es que el que entre aquí como un criminal salga convertido en un ser humano valioso. Pero el sistema fracasa, por eso pasa más lo primero que lo segundo. Y fracasa por el bendito miedo a perder el control.

Miedo, puro miedo, todo es desde el miedo a perder el control. Eso es lo que hace que el sistema carcelario falle tan terriblemente. Y yo no soy una doctora, yo ni siquiera estudié, pero aquí aprendí eso, porque ese es el pan nuestro de cada día. Yo alguna vez escuché que las cárceles deberían ser centros de desarrollo humano. ¿Se imagina?, qué bonito. Y no universidades del crimen como muchas veces son. Pero el miedo a perder el control no los deja avanzar.

Creen que resocializar es mantener a la gente distraída, ocupada en algo. Darles estudio o trabajo, algo para hacer, algo para estar entretenidos. Esto aquí se parece como a esos padres que les quieren dar muchas cosas a los hijos para que no les armen berrinche y no los jodan, pero que nunca se preguntan qué es lo que en realidad necesitan esos hijos. ¿Qué necesitan?, ¿de verdad qué necesitan para ser mejores personas? A mí nunca en la vida me lo han preguntado, nunca.

Donde las cosas no se hicieran desde el miedo a perder el control, sino desde la voluntad de que todos sigamos creciendo y evolucionando, las cosas cambiarían mucho. Por ejemplo aquí hay mucha gente que tiene artes y oficios hermosos. Y gente que tiene esa vocación de enseñar lo que sabe. Imagínese donde a esas personas las dejaran dictar talleres de lo que saben, imagínese todo lo que se podría hacer aquí. Pero no, todo tiene que ser solo del modo en que ellos digan, pues de lo contrario sienten que están perdiendo el poder y el control.

La gente aquí no puede hacer lo que le gusta, sino lo que le toca. Mi sueño por ejemplo era ser una gran cocinera, porque me encanta cocinar y creo que tengo el don, el talento, pero a mí nunca me permitieron desarrollarme en ese aspecto. A mí desde el principio me ubicaron en el costurero, sin preguntarme, y cuando empecé ahí a mí no me gustaba para nada. Ahora, después de tantos años, lo he aprendido a querer y a valorar como una gran herramienta que me ha servido y me servirá cuando vuelva a la calle, pero no fue algo que yo elegí, yo habría preferido estar en la cocina.

Otra cosa es que yo siempre he pensado que la guardia es el ejemplo de nosotras. Ellas son nuestro ejemplo, pero a ellas también las educaron desde el miedo, a ellas las entrenaron para que nos vieran como a unas delincuentes, como a unas criminales peligrosas, no como a seres humanos. Y eso es un gran problema, pues muchas de ellas son mucho más violentas y groseras que nosotras.

Yo creo que si a la guardia y a todo el personal que trabaja en las cárceles no se les educa para ser compasivos y respetuosos con los seres humanos que estamos aquí, va a ser muy difícil que de las prisiones salgan personas resocializadas. Las muchachas son agresivas y la guardia mucho más, entonces todo el tiempo es un conflicto por el poder, por quién es la más grosera, quién contesta peor, quién es más dura y brava que quién. Yo creo que la guardia y todo el personal se tiene que entrenar en un buen trato. No en un trato meloso o preferencial, pero en un trato humano y respetuoso.

Y aunque yo sé que usted lo sabe, se lo voy a volver a decir: esto es un todos ganan o todos pierden, pues si todos crecemos es por el bien de toda la sociedad y si perdemos nos vamos para abajo todos juntos, todos. De aquí sale gente todos los días, la cosa es cómo salen, en qué estado, con qué intenciones regresan a las calles. Ojalá todos pudiéramos salir de aquí convertidos en mejores personas, pero aunque las cosas han mejorado y uno ve que algunos tienen la voluntad de cooperar y traernos programas y alternativas para crecer, falta.

Yo por mi parte creo en la resocialización y como mujer y madre estoy comprometida con ella, porque yo soy el ejemplo de mis tres hijos y de mis compañeras. Soy un ejemplo de que aunque el sistema falla en muchos aspectos, si uno tiene la voluntad de salir adelante puede hacerlo, aprovechar el paso por la cárcel y convertirla en una escuela. Pero es duro, mujer, estar aquí es duro.

 

Textos: Todaslasquehesido.com

 

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