Adiós

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Los cólicos menstruales que a mí me daban eran horribles. Me dejaban tirada en la cama por lo menos un día al mes. Pero en ese periodo fueron peores, por eso decidí pedir cita con un médico que a través de hipnosis y regresión había ayudado a una amiga a sanarse de un dolor de espalda crónico.

Llegué a la consulta y el doctor me explicó que aplicaba la terapia solo en los casos en los que otros tratamientos no hubieran dado resultado. Que él apoyaba la regresión con fines sanadores, no como chismoseo de memorias antiguas. Y que por lo mismo solo buscaríamos en el pasado claves para entender mis dolores.

Hicimos una especie de meditación corta, él me invitó a respirar de alguna manera, creo que contó de diez a cero y en mi cabeza empezó a aparecer una película de la que otras yo eran protagonistas. Yo esperaba ver pedazos de mi infancia, tal vez algo que pudo haberme ocurrido cuando yo era una niña o una bebé y no recordaba. Nunca lo que vi.

Yo en el cuerpo de una campesina corpulenta y fuerte intentando parir de pie. Aferrada a un lazo que colgaba de una biga del techo y con una ponchera con agua caliente y sábanas en el piso. Pujando, sudando, gritando. Con el cuerpo destrozado de dolor y decidida a dar a luz a ese bebé que estaba asfixiándose en su propia placenta.

Me veía a mí sufriendo. Veía la casa campesina de paredes de barro y techo de madera y paja en que vivíamos. Veía a cinco niños pequeños esperando afuera a que su papá los dejara entrar. Y lo veía a él, un hombre pequeño y delgado, temblando de impotencia y dolor ante mi muerte.

Morí así, intentando parir. Y él se quedó solo con esos cinco niños pequeños que eran nuestros hijos.

En el sofá del consultorio lloré, me apreté el vientre y sentí como si cada vértebra de mi columna baja se hubiera fracturado. Después de la muerte me serené y descansé. El doctor continuó hablándole a esa yo que estaba en hipnosis profunda y le dijo que si consideraba que había alguna otra información que yo tuviera que recibir en ese momento por favor me la mostrara.

Entonces vi una vida más en la que también apareció él, nuevamente como mi compañero. Me vi a mí misma bella, elegante, hija de un comerciante rico, esperándolo a él en un puerto. Él era un hombre del mar y me había prometido que volvería para hablar con mi familia y casarnos. Esperé y esperé, pero no llegó.

Desilusión y tristeza profunda, eso era lo que sentía. Nunca supe por qué no regresó. Lo último que vi fue la imagen de esa mujer que fui arrodillada ante un altar, jurando frente a una cruz que si no era él no sería ninguno.

Salí de la consulta conmovida, pues en el hombre que había sido mi compañero durante esas dos vidas reconocí a un colega extranjero con el que había interactuado casi nada. Alguien a quien ni siquiera había conocido en persona y que en lugar de atraerme me inquietaba.

Estuve enferma dos días. En algún momento pensé en contactarlo, pero decidí no hacerlo. Si me estaba pasando a mí era yo la que tenía que sanar algo. Era yo la que había tenido que pasar por esos dolores durante años y regresar al pasado para resolverlo. Él era lo que había sido. Pasado, no presente.

Recuerdo que dos semanas después de la consulta me desperté un domingo antes de las cuatro de la mañana. Ni siquiera intenté volver a dormirme. Me levanté, busqué papel, me senté y empecé a escribir.

Pedí sanación para él y para mí, pedí perdón, liberación, compasión, amor. Pedí que si era por el bien mayor nuestro nunca más sintiéramos la necesidad de buscarnos y encontrarnos. Y que si era que debíamos volver a coincidir, pues que fuera de la mejor manera posible.

Le dije adiós porque sentí que era un adiós lo que necesitaba esa historia. Un adiós en entendimiento de lo que había sido. Y la verdad es que han pasado cinco años y no he vuelto a saber de él. Eso sí, si lo recuerdo lo bendigo: que donde esté, esté bien. De los cólicos menstruales tampoco volví a saber mucho, si acaso unos pequeños calambres en el vientre bajo una vez al mes. Parece que a esos buenos muchachos también les pude decir adiós.

 

 

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4 comentarios sobre “Adiós

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