Que duele

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Un auténtico gilipollas el tío este con el que salí hoy. Lo conocí por el Grindr, la aplicación de encuentros gays. Muy majo él con su barba y su turbante bien puestos, su carrera de empresariales en Londres y sus deportivas caras, pero no sabes todo lo que me ha contado. Hicimos como veinte vueltas al parque mientras hablábamos y me ha dejado flipando.

La familia del tío tiene mucha pasta y lo envió a estudiar al extranjero cuando terminó la escuela. Y allí ha estado, haciendo lo que quiere durante diez años, pero ahora el padre le ha exigido que vuelva y haga vida aquí. Le están buscando esposa y él no ha dicho que no. ¿Puedes creerlo?, se va a casar con una mujer, va a tener hijos.

Dice que no le puede contar la verdad a su padre. Que si le dice que le gustan los hombres se muere el viejo o lo mata a él. Que sería una tragedia familiar. Nada nuevo.

Lo que más me cabreó fue lo que me respondió cuando le pregunté si no se sentía mal por hacerle eso a una mujer. Dijo que yo no sabía nada, que aquí las cosas eran distintas y que cualquier mujer estaría feliz de tener un marido como él. Que él le daría una casa, la llevaría de paseo, le compraría cosas. Pero que lo más importante era que nunca le pegaría, y que eso ya era bastante. Además, que no la jodería por sexo, porque según dijo el gilipollas este a las mujeres de aquí no les gusta follar, se les hace un fastidio.

Ya, ya, ya, que sé que a lo mejor juzgo a la ligera y que puede parecer como si yo, un maricón europeo, me sintiera superior moralmente a un maricón indio, pero es que, tía, aquí y en cualquier parte del mundo debe haber respeto por el otro. ¿Dónde dejas tú el respeto por la mujer que se casará con él?, ¿y los niños?, ¿qué hay de los hijos que tendrán juntos?

Otra cosa sería si el tío tuviera los cojones para decirle de frente a la mujer: “Oye, me quiero casar contigo para complacer a mi familia y seguir viviendo como me dé la gana, pero tienes que saber que me gustan los hombres y pienso tener uno como pareja. Lo amaré a él, follaré con él, me escaparé para verlo a él, tendré una vida clandestina con él, soñaré con envejecer junto a él. A ti te ofrezco la comodidad que te pueda brindar mi dinero. Una casa, un coche con chófer, vacaciones en buenos lugares, buenos colegios para los niños y no tocarte ni un pelo, ni uno”. Y ya está, que la mujer elija. Que elija desde donde pueda hacerlo por ella y por los hijos que tendrán.

Bien sé que aquí las cosas son distintas, si no soy un insensato ni un insensible. Y también sé que él tiene que tener miedo, pero quién no ha sentido miedo. Eso no lo justifica. Que se vaya a la mierda, que se vaya del país o que se haga monje si quiere, que haga cualquier cosa, pero que no dañe a nadie.

Me dolió, tía, me dolió la forma en que hablaba, como desde la cobardía, como pensando solo en él. Me dolió y punto. Me dolió.

 

 

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