Tú cantor

Manjit Thapp

 

Al cantor

Libro de pinturas
es tu corazón.
Canta, tú, cantor,
tañes tu atabal,
¡oh cantor!
En el interior de la casa de la primavera
das deleite a la gente.

No acabarán mis flores

No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.

Aun cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.

***Este par de poemas aparecen en La tinta negra y roja,
Antología de poesía náhuatl.
La concepción del poema en el mundo náhuatl no es la misma que en occidente. Estos textos hacen parte del trabajo de Miguel León-Portilla, quien se ha encontrado en códices y manuscritos con estos momentos poéticos que nos llegan de otro tiempo.

Ilustración: Manjit Thapp.

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Por ahí

Abbey Lossing k

 

Pa’ qué le miento.
No siempre sé perdonar lo que fue.
No siempre sé amar lo que es.
No siempre sé ser paciente ante lo que será.
Lo que sí sé es que el camino tiene que ser por ahí,
así que voy a ir agarrando trocha.
Sin atajos, seguro sabré llegar.
Allá nos vemos.

Ilustración: Abbey Lossing.

Pequeño Buda

 

Chihuahua by D J Rogers

 

Pasarán los días y algo entenderé. Pasarán los días y esa parte de mí que aún no comprende empezará a hacerlo, a otorgarle un lugar y sentido a esto. ¿Qué es la muerte?, le pregunto a mi mamá. ¿Qué es la muerte?, le pregunto a mi hermana. No hay tono dramático ni intención trascendental en esa pregunta, de verdad, solo un intento por abarcar esta realidad. Las tres nos quedamos en silencio, porque sabemos que no tenemos idea, que no entendemos nada.

Que cosa tan rara, extrañísima. Ayer lloramos mucho y lloramos juntas. Llorar alivia, pero cuando pasa el llanto se siente algo que no sé explicarme a mí misma, a mi sistema. Estoy triste, a ratos todavía se me llenan los ojos de lagrimas, pero más que tristeza es desconcierto. Como que se mueve algo por dentro, pero no sé qué es.

Chiqui llegó a nuestras vidas un Día Internacional del Trabajo, el primero de mayo de 2008. Mi papá salió con mi hermanita a la plaza del pueblo a dar una vuelta y, él que nunca había querido regalarnos una mascota, vio a un señor exhibiendo a Chiqui y se enamoró de él. Papá dijo que lo llevó a casa por darle gusto a Lina, mentira, fue él quien cayó rendido ante ese Chihuahueño minúsculo y redondo.

Chiqui fue un perrito muy amado, yo le decía mi pequeño Buda, porque era gordo y sereno como él solo. Cuando llegaban visitas a la casa ladraba para hacerse sentir y luego salía moviendo sus nalguitas obesas y pidiendo cariño. Se vendía por una caricia, se dejaba cargar y mimar por todos. Hasta alguito de pena nos daba, porque incluso con los señores de los domicilios quería entablar una relación entrañable y duradera. “Muy lindo el perrito, como que no quiere que yo me vaya”, decían ellos riéndose.

Hace siete meses, un día antes de mi cumpleaños, Chiqui sufrió su primera crisis de epilepsia. Y ayer, luego de batallar con esa enfermedad, se fue. Estaba tan mal, casi ni podía respirar. Su corazón dejó de latir cinco segundos después de que un veterinario joven le suministró la medicina. Leer Más

AGUA

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Lanzarme a ella desde una saliente de la montaña.
Atravesar el río sin temerle a la corriente.
Dejarme llevar, luego sumergirme bien hondo.
Que la cascada caiga con todo su ímpetu.
Nadar sin pensar en seres que no veo.

“¡Soy barquito pequeño, soy barquito pequeño!”,
grito para que alguien me socorra.
“¡Navega, hija, navega!”, responde mamá desde la orilla,
animando a esa niña que soy a los cinco años.

Me entrego al río sin miedo, parece ancho,
pero me siento capaz.
Piernas, brazos, tronco.
Todo lo que soy está ahí, en movimiento.
Hay esfuerzo y verdad en cada brazada, en cada patada.

Veo casi nada,
en la superficie manchas de verde lejanas.
Bajo el agua, ojos cerrados, me estremece esa profundidad. Leer Más

Maribel

lieke van der vorst

 

Algo andaba buscando. La factura del agua, la garantía de la licuadora, cualquier papel. Ya ni sé. Lo cierto es que cuando levanté la mirada y la encontré en el espejo me sorprendí. Cacheti colorada, la piel reseca y una sonrisa de niña o anciana.

La observé confundida.
No la había visto antes o no la recordaba.

“¿Quién sos?”, le pregunté. Y ella, sin escucharme, continuó cortando dos yucas en trozos grandes. “La mujer más bonita del mundo”, me respondí ante su silencio.

Acomodada junto al fogón de leña, siguió luego con unas papas y un manojo de cebolla larga. El agua, en la olla tiznada, hervía. Tres gallinas picoteaban el piso de tierra cerca de ella.

Un grito se escuchó a lo lejos. No supe reconocer lo que decía. Afanada, metió todo lo que había picado dentro de la olla, se juagó las manos y salió corriendo con un termo blanco.

“¡Maribel, traé la bogadera!”, se escuchó de nuevo, y entonces sí pude reconocer esa voz. “¡Ya voy!”, respondió ella con fuerza y sin dejar de correr por un terreno plano que se convirtió en bajada. La tierra se veía seca y sus pies pisaban firme. Llegó junto a él en pocos minutos. Leer Más

Señora

itsmyfavorites.tumblr.com

 

—Que mi mamá le manda a decir que no se preocupe que ella no me está explotando laboralmente.
—¡Obvio no! Yo lo sé —le respondo entre susto y risa —Yo nunca he dicho eso.
—Es que yo le ayudo porque a mí me gusta, pero ella no quiere que le siga ayudando porque cree que la gente va pensar cosas malas —me dice justificándose mientras balancea su cuerpo.
—¡Ah! —es lo único que alcanzo a exclamar justo antes de que ella vuelve a hablar.
—¿Usted vive sola? —pregunta ahora sonriendo.
—Sí.
—¿Y usted es casada?
—No.
—Ah, bueno, si quiere llama a mi mamá y le dice que me deje seguir viniendo, que usted sabe que ella no me obliga.
—Listo —le respondo.
Luego le entrego el dinero, le agradezco, me despido y cierro la puerta en un alboroto interno. Gozo y ternura me estremecen.

… ¿De dónde sacará tanta cosa? … Su uniforme de colegio, ese diálogo que me arrancó de mi trabajo … Todo niño debería tener un adulto a cargo, la asignación secreta de sacudirle la vida a esos que ya llevamos más tiempo aquí en la Tierra… Pienso mientras subo las escalas.

María Fernanda es una locura crespa y sonriente de once años. Apenas la conozco hace unos días, cuando su mamá se ofreció a vender almuerzos entre algunos vecinos. Agradecí la propuesta, pues por estas fechas no me queda mucho tiempo para cocinar, pero desde el primer día supe que seguiría pagando, no por la sopa de plátano con arroz y jugo de mora, sino por verla a ella.

Cada vez que llamo es María la que contesta, toma el pedido y luego de unos minutos llega hasta mi casa con el almuerzo. Que cuál es mi nombre, que cuántos años tengo, que si vivo con un gatico, que por qué nunca me ha visto en la iglesia ni en el parque. Pregunta sobre mi vida, me cuenta un poco sobre la de ella y siempre me dice señora. Leer Más

Sati

Andrea Lauuuren

 

Eres mujer de muchos dioses,
dijiste.
Y de un solo hombre,
repliqué.
Pero ya no escuchabas,
murmurabas salmos.

Orejas pequeñas,
pies deformes,
cuerpo emplumado.
Quetzalcóatl.

Danza eterna,
yogui perfecto,
tridente en mano.
Parvati soy ante ti.

Si supiera cómo,
arrancaría la duda.
Juro, encendería la luz.

Eres mujer de muchos dioses,
insistes.
Y de un solo hombre,
vuelvo a decir.

 
Textos: Todaslasquehesido.com
Ilustración: Andrea Lauren.

CORRER

Daniela Dahf Henriquez

 

Yo estaba lo más de contenta tomándome un tetero cuando él apareció en la puerta de la casa. No sé quién lo invitó ni quién le abrió. Solo sé que cuando lo vi pensé: “¡vida verraca, qué pena, este señor me pilló tomando tetero!”. Yo tenía diecisiete años y él se quedó mirándome, parecía pasmado.

Mis amigas decían que yo era la muchacha más linda de la cuadra, pero como nunca me dejaron salir a ninguna parte nadie se dio cuenta y no tuve pretendientes. Él fue el único. Era serio, bien presentado, educado y mi papá lo autorizó a visitarme.

Si me preguntan de qué me enamoré, yo diría que no fue de él, sino de la dulce idea de salir corriendo de mi casa. Mi papá siempre fue muy severo y mi mamá demasiado sumisa. Yo estaba cansada de lavarle los calzoncillos a mis hermanos y de cocinar para tanta gente, porque a las mujeres de la casa nos descargaban toda la responsabilidad doméstica. Fue de eso de lo que yo me enamoré, yo veía el matrimonio como un escape.

Nos casamos un miércoles por la tarde después de siete meses de novios. Ese día, luego de la misa, mi familia invitó a una comidita en la casa. Todos eran picos y abrazos. Yo estaba hermosa y me sentía realizada, sentía que por primera vez mis papás y mis hermanos me miraban con respeto. Creí que de verdad el matrimonio sí sería la solución a todos mis problemas.

Como a las nueve de la noche él se acercó y me dijo suavecito: “mija, ya va siendo hora de irnos”. Y a mí ese “mija” me sonó a gloria. Me despedí de todos dichosa y salí de la casa de mis papás colgada de su brazo, sintiéndome como una reina. Ya no tendría que compartir la cama con Gloria y Estela. Ya no tendría que lavarle la ropa a Jaime, Javier y Fernando. Ya no volvería a soportar los malos tratos de mi viejo. ¡Bendito Dios, me estaba salvando!. Leer Más

Un día

Captura

 

Era el año 67 o 68. Teníamos 13 años y no nos interesaban las mujeres para nada. Lo nuestro era leer. Pero los muchachos del salón, que ya habían sido iniciados en la vida sexual, no paraban de hablar de putas y nos mantenían azotados. “Hey, virgo, usted es virgo, ¿cierto? Este pelao todavía tiene cachucha, no ha botado el forro”. Que montadera tan brava. Nadie se imagina lo difícil que es para un hombre sobrevivir a la adolescencia. Eso son una cantidad de presiones provenientes de diferentes lugares.

Alfredo y yo nos decidimos, no porque quisiéramos, sino porque sentíamos que no teníamos otra opción. Así que un día, sin ninguna emoción y más bien muertos del susto y la vergüenza, fuimos donde las putas. Caminamos un rato por las calles de esa ciudad que todavía era pueblo y cuando llegamos a la puerta con bombillo rojo que nos habían indicado, tocamos. Nos abrió una mujer vieja y gorda que pegó un alarido apenas nos vio: “Sonia, mirá quiénes están aquí, los hijos de Jaime y Orlando, qué belleza”.

La señora nos hizo pasar y nosotros, casi que temblando del miedo, no pronunciamos palabra. Nos encomendó a cada uno con una prostituta distinta y les pidió que nos trataran bien. Esa primera experiencia sexual fue traumática. Ni siquiera recuerdo cómo era esa mujer. Yo estaba en shock y ella me movía, me estiraba, me daba vueltas, me escurría, yo parecía un trapo en una lavadora.

Alfredo y yo salimos de ahí en silencio, deprimidos y achantados, tuvieron que pasar cuatro años para que nos atreviéramos a hablar de lo que vivimos ese día. ¿Eso era el sexo? ¿De ese acto triste y vergonzoso se ufanaban los pelados del colegio? No, nosotros no, nunca más pasaríamos por allá. Leer Más

Lo que sobrevive

Andrew Bannecker

 

Los vecinos dicen:
“calma, ya pasó”.
Mamá dice: “agradece,
pudo llegar a más”.

Decido quedarme esa primera noche.
Respirar el olor de lo que dejó el fuego,
permitir que me duelan aquellas manchas oscuras.

Dos repisas de madera.
La obsidiana, la florita verde y los cuarzos.
Tres juegos de cartas.
Algunos instrumentos pequeños.
El altarcito.
Un retrato y una carta a papá.
Todo un universo ritual.

¿La vela que alumbraba mi anhelo
transmutó en esto?

Abro y cierro los ojos.
Es una culpa que huele y sabe a humo.

Me arrodillo,
entre la ceniza un azul brillante.
Balance, dice ese pequeño trozo de papel que aún palpita.

Después del fuego algo queda.
Lo que sobrevive.

Esa fuerza capaz de volver a crearlo todo.

 
Textos: Todaslasquehesido.com
Ilustración: Andrew Bannecker.